¡OH…., MI NUEVA MAESTRA ES LA MEJOR!!!!
Érase una vez, en un lugar muy lejano, había un colegio mágico, en el que los niños de 4 añitos, como vosotros, esperaban impacientes a su nueva profesora.
Todos estaban muy nerviosos, emocionados… porque no sabían si sería una chica o un chico, si tendría el pelo largo, el pelo corto; si tendría la piel blanca o de color…
De repente, la puerta se abrió….y ¡SORPRESA! era su nueva SEÑORITA, pero no venía sola, junto a ella había un NIÑO NUEVO.
¡Buenos días chicos! me llamo Ana y soy vuestra nueva profesora, os voy a presentar a
Abah, es vuestro nuevo compañero y viene de África, ¿sabéis dónde está África? Es un país donde hace mucho calor y por eso su gente es muy morenita. Me ha contado un secreto y es que está deseando conoceros y jugar con vosotros.
Todos se sentaron en la alfombra como hacían todos los días con su anterior profesora, se presentaron y contaron lo que más les gusta hacer.
Una vez que acabaron las presentaciones, era la hora de hacer la primera ficha, pero la señorita les dijo que no iban hacer fichas, que iban a estar todos los días jugando y además a las cosas que más les gusta hacer. Los niños asombrados dijeron:
¿Vamos a jugar todos los días?
Y Daniela gritó: ¿y vamos a poder jugar a los animales? Claro que si le respondió la profesora y además vamos a hacer dibujos, cantar, hablar entre nosotros, hacer excursiones… ¡vamos a aprender mucho!
Alfredo, que era el niño más tímido de la clase se puso a llorar, Daniela le vio y fue corriendo donde su profesora. La señorita Ana se acercó y le preguntó: Alfredo, ¿qué te pasa? – ¡Que echo mucho de menos a mi otra señorita! Entonces le explicó que se tuvo que ir a otro colegio pero que algún día vendría a visitarle. Alfredo rió y le abrazó.
Fueron pasando los meses y los niños cada vez aprendían más y más cosas y además se acordaban de las que ya sabían.
Todo el mundo se preguntaba cómo podía ser, pues estaban todo el día jugando y cantando. Llegó el final del curso y Ana se tubo que despedir de la escuela pero antes quiso desvelar porqué el colegio era mágico….las palabras que utilizó fueron… ¡APRENDER JUNTOS DIVIRTIÉNDONOS!
Los niños como querían tanto a su profesora le hicieron un poema:
Mi madre me da la vida, mi padre me da el sustento, y el maestro de la escuela, cultiva mi entendimiento.
A mi maestro querido, que me da su ciencia, su cariño y su cuidado, con infinita paciencia.
Le ofrezco mi gratitud y mi cariño sin cuento, por que llena de belleza, a mi pobre conocimiento.
pergamino_decalogo_del_profesor.JPG
Andrea BañaresLeyre CruzSheila DomaicaCristina DoradoBeatriz Fernádez
Érase una vez, en un lugar muy lejano, había un colegio mágico, en el que los niños de 4 añitos, como vosotros, esperaban impacientes a su nueva profesora.
Todos estaban muy nerviosos, emocionados… porque no sabían si sería una chica o un chico, si tendría el pelo largo, el pelo corto; si tendría la piel blanca o de color…
De repente, la puerta se abrió….y ¡SORPRESA! era su nueva SEÑORITA, pero no venía sola, junto a ella había un NIÑO NUEVO.
¡Buenos días chicos! me llamo Ana y soy vuestra nueva profesora, os voy a presentar a
Abah, es vuestro nuevo compañero y viene de África, ¿sabéis dónde está África? Es un país donde hace mucho calor y por eso su gente es muy morenita. Me ha contado un secreto y es que está deseando conoceros y jugar con vosotros.
Todos se sentaron en la alfombra como hacían todos los días con su anterior profesora, se presentaron y contaron lo que más les gusta hacer.
Una vez que acabaron las presentaciones, era la hora de hacer la primera ficha, pero la señorita les dijo que no iban hacer fichas, que iban a estar todos los días jugando y además a las cosas que más les gusta hacer. Los niños asombrados dijeron:
¿Vamos a jugar todos los días?
Y Daniela gritó: ¿y vamos a poder jugar a los animales? Claro que si le respondió la profesora y además vamos a hacer dibujos, cantar, hablar entre nosotros, hacer excursiones… ¡vamos a aprender mucho!
Alfredo, que era el niño más tímido de la clase se puso a llorar, Daniela le vio y fue corriendo donde su profesora. La señorita Ana se acercó y le preguntó: Alfredo, ¿qué te pasa? – ¡Que echo mucho de menos a mi otra señorita! Entonces le explicó que se tuvo que ir a otro colegio pero que algún día vendría a visitarle. Alfredo rió y le abrazó.
Fueron pasando los meses y los niños cada vez aprendían más y más cosas y además se acordaban de las que ya sabían.
Todo el mundo se preguntaba cómo podía ser, pues estaban todo el día jugando y cantando. Llegó el final del curso y Ana se tubo que despedir de la escuela pero antes quiso desvelar porqué el colegio era mágico….las palabras que utilizó fueron… ¡APRENDER JUNTOS DIVIRTIÉNDONOS!
Los niños como querían tanto a su profesora le hicieron un poema:
Mi madre me da la vida,
mi padre me da el sustento,
y el maestro de la escuela,
cultiva mi entendimiento.
A mi maestro querido,
que me da su ciencia,
su cariño y su cuidado,
con infinita paciencia.
Le ofrezco mi gratitud
y mi cariño sin cuento,
por que llena de belleza,
a mi pobre conocimiento.